viernes, 3 de mayo de 2013

Comentarios Documental "La ciudad blanca"


COMENTARIO DE: PABLO BURGOS (REALIZADOR). (2004). LA CIUDAD BLANCA. DOCUMENTAL

Reconstruir nuestra Universidad fragmentaria es una tarea ardua, donde los pocos esfuerzos, e incluso el colosal esfuerzo de los interesados, no pueden pretender salir bien parados. No es la reconstrucción del paso del tiempo, ni la reconstrucción de un semblante el logro de La ciudad blanca. El documental nos reúne en torno a un mismo sentir, pero evitemos la rabia del romanticismo. Se congrega para que la comunidad se interese. El tema, si se nos permite todavía hacer uso de esta palabra, encontrándose dentro de los límites de lo que sea la Universidad Nacional, cito en Bogotá, refleja, despliega aquello que ésta es: una gran masa informe. La masa informe, la ciudadanía que se cree desamparada del agente contra el que lucha, el mismo que le ha quitado el cobijo incondicionado, encarna una esquizofrenia genuina, lo indeterminado. Refleja, porque el mismo documental nos es arrojado intempestivamente y da prueba de una promiscua efusividad, la cual quiso ser más hiriente; despliega, porque muestra desde diversos lugares eso que se aparece como lo que somos y nos identifica: informidad, o acaso in(con)formidad, y esquizofrenia.
El documental se seccionó en Los estudiantes, El campus, Movimiento estudiantil, El tropel, Entre radicalismo y pragmatismo. Estas secciones a su vez se repiten en la misma secuencia ya enunciada, excluyendo Entre radicalismo y pragmatismo, uno de los tantos vacíos del documental difícil de enmarcar o indiscernible por su papel dentro del cuerpo del trabajo. En este sentido, se trata de reencontrar la Universidad a través de sus actores. Pero sus actores hacen parte de la misma perplejidad… ¿Qué es la Universidad Nacional? ¿Cómo son los personajes que juegan los papeles dentro de su escenario?, ¿quiénes son?, etcétera. Lo cierto, tal vez, es que no existe el punto medio entre los personajes: o se creen hablando con propiedad sobre los conflictos que nos atañen, lo ven todo como el vidente y no se dejan hacer sombra por la bota del fascismo, o son indiferentes y aceptan regaladamente la venda de sus ojos. Más aun, ellos actúan dentro de un escenario el cual se está conformando y cambia en su aspecto. Y si hay algo que desea resaltar La ciudad blanca es que construyen junto con su escenario las escenas. Existen focos donde la actividad explota constantemente, como hay lugares donde se siente un juicio aislado, licencioso quizá, y una acción remota por parte de los actores.
Abundan los mapas y las descripciones de los edificios desperdigados por el campus. Los mapas se van complejizando a medida que se hacen pasar los años sobre la ciudad blanca. Ahora, sólo restaría decir, camaradebourgeois(camarada/compañero burgués), ¡cuánto vale la Universidad Nacional en pesos! Evidentemente interesante y, más aun, valiosísima y pertinente la pregunta del señor Marco Palacios. ¡Cuánto vale la Universidad Nacional en pesos! Quizá ella no sobreviva para contárnoslo, pensarán algunos.
Un juego. Un policía en medio de enfurecidos estudiantes… intenta defenderse, se siente solo; huye prevenido, atemorizado y muy lentamente. Pronto, un grupo de policías antidisturbios divide a los enfurecidos estudiantes – quizá no todos sean estudiantes, quizá la mayoría no pertenece propiamente al cuerpo, al batallón o regimiento del estudiantado. Finalmente los enfurecidos estudiantes corren desperdigados, cagados del susto. ¿Qué decir?, o lo que casi viene a ser lo mismo: ¿qué pensar de ello? Estamos de acuerdo, es un rito, y además, un rito catártico como comenta un estudiante de física en el documental. Sin embargo no queda claro cómo un tropel se distingue de otro, ni qué los diferencia. Aquel es un mito. Posiblemente el tropel sólo conoce intensidades enmarcadas en un más o un menos.
Ahora, no se debe exagerar la nota si se evidencia una semejanza inmensa entre el tiempo actual y la vida en el campus en el 2004, e incluso, en los años sesenta. Los cambios sufridos son accidentales, los autores sólo han cambiado de nombres… aún hay espacio de sobra dentro del libro de los héroes.
Camilo Salazar

Comentario de: Londoño Botero, Rocío (Dir.) (2005) La ciudad blanca. Documental.
“La Ciudad Blanca”, desarrollado por el seminario de Sociología Urbana II del segundo semestre de 2004 en la Universidad Nacional de Colombia, es un documental que busca presentar dicha institución a sus miembros o personas ajenas a ella, bajo la mirada de quienes tienen o tuvieron contacto con ella a lo largo de su vida y sin omitir de esta inducción audiovisual uno de los aspectos más apreciados por la comunidad universitaria desde siempre: su historia.
El principal atractivo de este documental es una serie de entrevistas a los testigos y protagonistas de diversos periodos y acontecimientos representativos en el marco de la institución, casi siempre acompañadas de documentación audiovisual de la época. Entre los muchos testimonios, pueden destacarse los de rectores como Marco Palacios (rector durante el cierre de la cafetería y las residencias estudiantiles), que habla de la solución que tomó ante el problema de la constante pérdida de periodos académicos y los resultados que él encuentra positivos en ese cambio; antiguos estudiantes como Tania Gómez (representante estudiantil ante el CSU en 1994), que subraya la importante necesidad del estudiante de la universidad de conocer los problemas de su entorno, y Paul Bromberg (egresado, profesor de física y alcalde encargado de Bogotá entre 1997 y 1998), que considera la universidad como “un parque cultural desperdiciado”; y profesores como Otto de Greiff (profesor de matemáticas fallecido en 1995), que, a juzgar por sus pintorescas y casi proféticas declaraciones en 1983, estaría asombrado ante el evidente retroceso exponencial en el uso del idioma por parte del universitario de hoy. A estos testimonios, se suman las opiniones de los integrantes del nuevo milenio, que expresan su regocijo de pertenecer a una comunidad de personas comprometidas con sus responsabilidades, conscientes de su realidad y con la mente abierta a infinidad de puntos de vista. Además, con la colaboración del profesor Rodrigo Cortés y apoyados en imágenes de archivo, se exhibe información acerca de la planeación y construcción paulatina de la universidad.
El documental en pleno pudo probar en su momento (y es capaz de demostrar hoy día) una realidad que no es un secreto para nadie, a pesar de los distintos significados que le fueron otorgados a la misma frase: la universidad siempre ha estado en crisis. Un estudiante del IPARM considera las revueltas “como un jueguito”, mientras Antanas Mockus llegó a proponer irónicamente la idea de hacer revueltas programadas. Los mismos entrevistados  hablaron del movimiento estudiantil y de las diferencias entre los antiguos indignados, junto a sus estrategias de protesta, y los de hoy. Para sorpresa de cualquiera que haya llegado a hacer esta reflexión, el crecimiento acelerado de medios de comunicación y el auge de las redes sociales, ligeramente posterior a la fecha del video, no ha levantado la idea de represión hacia la oposición política de la que habla el profesor Juan Carlos Sunuzaga; idea bajo la que pueden cobijarse aquellos que continúan con el daño a la propiedad pública y los tropeles que siguen viéndose 9 años después de este documental.
Si la vida lleva al lector de este comentario a frecuentar la Universidad Nacional, ver “La ciudad blanca” es un ejercicio instructivo y muy recomendable para usted. Si usted, al igual que la autora de este comentario, no veía en la Universidad Nacional otra cosa que el escenario de una etapa más en su vida personal y profesional, en poco más de una hora de su tiempo, podrá hacerse de información que le ayudará a comprender un poco mejor las particularidades de su nuevo contexto, llegar a quererlo como suyo (del modo apropiado y no tanto del descrito por Ernesto Guhl) y ser partícipe de una bella costumbre de antaño: el lenguaje oral.
Erika Mesa Díaz
Lingüística

Comentario de: Londoño Botero, Rocío (Dir.). (2004). La ciudad blanca. Documental. PostOfficeCowboys. Recuperado de: http://www.youtube.com/watch?v=NxIooi9abCg. 



Este documental trata sobre la sede Bogotá de la Universidad Nacional de Colombia. A lo largo del documental, el profesor Rodrigo Cortés[1] muestra la historia y características más relevantes de los principales edificios del campus. Al mismo tiempo, el documental muestra qué caracterizó a cada una de las generaciones estudiantiles de la universidad desde los años sesenta hasta la primera década del siglo XXI desde diferentes perspectivas (estudiantes, ex rectores, profesores, egresados, diferentes acontecimientos de importancia en su historia, etc.).

El documental tiene dos protagonistas que están íntimamente relacionados: la comunidad universitaria y el campus. Por un lado, el documental pretende formar una imagen de cómo ha cambiado la comunidad universitaria a través del tiempo en su forma de pensar, en su forma de proceder y  en su interrelación con la sociedad, incluyendo a los individuos que componen, o componían, dicha comunidad. Por otro lado, el documental muestra cómo la infraestructura del campus es una consecuencia de una compleja planeación que se dio a lo largo del siglo XX y de su importancia patrimonial no sólo en un sentido arquitectónico, sino también por el hecho de haber sido testigo de gran parte de los hechos en los que ha estado involucrada esta sede de la universidad.
En general, las directivas y los egresados concuerdan en que la manera de proceder de los estudiantes no suele ser la más apropiada y que, a la hora de dar una iniciativa, éstos carecen de propuestas contundentes; no obstante, considero importante resaltar el último testimonio presentado en el documental, en el cual una estudiante afirma que actualmente –en el año de realización del documental- “lo que identifica a un estudiante de La Nacional  es que tiene un carnet de La Nacional”[2], pues éste logra esclarecer un poco una de las intenciones –un tanto confusas por momentos- que pudo llegar a tener la directora del filme: mostrar que la generación actual de la comunidad estudiantil no es la misma de hace veinte o cuarenta años, que hay en ésta una mayor variedad y diversidad de pensamiento, forma de ser y posición política.
Opino que el filme cumple su propósito como documental: representar de manera informativa un aspecto de la realidad de la universidad en cuanto a su historia y sus cambios dentro de la misma; sin embargo, puede llegar a ser confusa por momentos. Esto debido a ciertas anomalías en la presentación lineal (desde el punto de vista temporal) de los testimonios[3]. El hecho de que se escuchen las opiniones provenientes de diferentes sectores –algunos, como en el caso de los directivos y los estudiantes, generalmente opuestos- hace que la veracidad de lo mostrado en el documental sea más confiable puesto que deja ver una posición de imparcialidad en quienes realizaron el documental.
Si bien no es mi documental favorito, estando lejos de serlo por sus inconsistencias estructurales, opino que es un buen referente para introducirse a la historia de la Universidad Nacional y destaco su intento por mostrar que el prototipo de estudiante de la universidad no ha sido el mismo durante toda su historia y que, de hecho, la comunidad universitaria es un organismo mucho más complejo que un simple conjunto de estudiantes con una misma ideología política.


David Felipe Guerrero Beltrán
Estudiante de Lingüística
Taller de Comprensión y Producción de Textos I (grupo I)



[1] Profesor de Arquitectura de la Universidad Nacional.
[2]La ciudad blanca (01:10:35).
[3] Ver documental en el minuto 36:00. En la sección del documental dedicada a la generación de los 80 en la universidad, se da un testimonio de un aspecto actual de la universidad; esto por dar un ejemplo.

jueves, 18 de abril de 2013

Sobre la vocación



CON LOS PIES EN LA TIERRA Y LA MENTE EN EL CIELO
“El futuro pertenece a quienes creen en la grandeza de sus sueños”
Eleanor, Rooselvelt

Juan Sebastian Garnica Paredes
Taller de comprensión y producción de textos I
Estudiante de Lingüística
Universidad Nacional de Colombia

Tal vez desde que tengo memoria, y sin razón alguna para el nacimiento de dicho amor, mis gustos, aficiones, sueños y aventuras siempre se inclinaron hacia el campo de la aviación civil. Nunca he sido pesimista con respecto a la realización de mis propósitos. De hecho, tengo la fortuna y debo agradecérselo a Dios, de contar con una familia que me ha apoyado en todas las decisiones, ya sean duras o simples, que he debido tomar a lo largo de mi prematura vida. Además, soy de aquellos individuos cuyo pensamiento tiende a ser ambicioso pero sin malinterpretar el término. Nunca le haría daño a otra persona por lograr mis metas y de eso me siento orgulloso, porque lo que he conseguido hasta el momento ha sido fruto de mi esfuerzo, sudor, lágrimas y empeño. Pues bien, admito que desde pequeño solía jugar a ser piloto, dibujaba aviones por todos lados, y a riesgo de que suene infantil con respecto a la edad que en estos momentos tengo, aún sigo jugando con mis aviones de colección y soñando algún día con la oportunidad de trabajar dentro de uno.
Quizá las cosas solo las pensaba porque no veía la circunstancia de luchar por ellas, pues no es para nadie un secreto que la carrera que toda la vida me ha quitado el aliento supera increíblemente los ingresos de mis papás. No soy de esos hijos caprichosos que discriminan a los papás por no darles lo que quieren. De hecho, les estoy infinitamente agradecido por haberme dado el estudio y la educación que recibí. Además, de no haber sido por ellos, jamás estaría elaborando este texto en la universidad más importante del país, y de la cual me siento orgulloso de ser estudiante. Hace poco tuve una luz que con el paso de los días se hace cada vez más clara, y quizá la oportunidad que tengo de vincularme al campo aeronáutico puede hacerse realidad. Debido a que ser piloto me implica dejar en quiebra a mi familia entera, busqué opciones que me permitieran laborar dentro de un avión, que a fin de cuentas era mi intención. Gracias a la madurez que poseo para este tema, y que tengo claro que una carrera no define el género ni mucho menos el género define la carrera, decidí que ser Auxiliar de vuelo me daría la oportunidad de cumplir la meta que desde niño tracé. Dialogándolo con mis papás, me llevo la grata sorpresa de que esta carrera sí está dentro de las posibilidades económicas, aunque también merece un sacrificio y esfuerzo por parte mía. Ahora, me doy cuenta que la vocación personal radica en los gustos inclinados hacia cierta carrera o profesión, pero depende del modo en que seamos capaces de asimilar o procurar la forma para lograrla. Mi vocación era ser piloto, pero estoy completamente satisfecho de haberme topado con ser auxiliar de vuelo. Me considero un joven bastante afortunado, porque todo coincidió y conspiró en beneficio propio. Jamás creí que los dos semestres y medio que curso en estos momentos de Lingüística serían la llave para entrar a la aviación civil, pues uno de los requisitos fundamentales es haber estudiado cierta cantidad de horas enfatizando carreras de las ciencias humanas.
 Ahora, estoy detrás de la posibilidad de comenzar mis estudios aeronáuticos a partir del próximo semestre del año en curso, abandonando por un tiempo prolongado la universidad para formalizar este proceso. No arriesgo mis manos al fuego y aseguro que es un hecho, pero lo veo cada día más cerca y tal vez logre conseguirlo. Reconozco en todo este proceso la labor que ha desempeñado mi mamá, pues desde que le comenté emocionado y casi al borde del colapso nervioso, me sonrió y desde entonces ha sido la figura por la que estoy dispuesto a sacrificar y pasar muchas cosas. Tal vez esta si sea mi vocación, porque lo quiero, me gusta desde pequeño, sé que la aprovecharé y de ello retribuiré el apoyo que este ser tan especial para mí hizo, hace y hará en toda mi formación.




PENSAMIENTOS HECHOS TINTA
 Suspiros de una ilusión sin habla

Por: Alejandro Pardo
Taller de comprensión y producción de textos I
Carrera: Licenciatura en español y filología clásica
Universidad Nacional de Colombia                                            

Un día más, sentir que el aire pasa por mi garganta pero de él solo me sirve el oxígeno. Sé que debo levantarme, pero por qué, quizás para escribir este texto, pero ese no es el caso pues es ya de noche. Busco presentar qué es aquello en lo que me gustaría desempeñarme durante mucho tiempo. Sí, eso que pueda decir que llena mi ser; si, una buena comida puede saciar el hambre de un mendigo, pensar, reflexionar, sacia mi hambre de conocimiento. Cuando era niño quería conocer muchas cosas, como muchos infantes quise ser bombero, astronauta, doctor, paleontólogo. Quizás esto último no todos aspiran a serlo.

Cuando me encontraba en noveno de bachillerato con 15 años, hubo una ocasión en que estaba de vacaciones  en la vieja casa de mis abuelos maternos. Como no había mucho que hacer me subí al zarzo de ésta, allí halle un viejo libro de hojas amarillas y lleno de polvo, después de haberlo sacudido y terminar maquillado como la Esfinge de Egipto, observé en su  portada el título que decía Teoría del conocimiento de J. Hessen. Me senté en el piso del patio y comencé a leer, aunque fue poco lo que leí de éste, atrajo mucho mi atención por aquellas ideas que provocó dentro de mi cabeza, hablaba sobre qué era la Filosofía, definiéndola como “amor a la sabiduría”. Desde aquel momento busqué saber más de ella, pero mientras más buscaba menos entendía. Me preocupé por esto, pues me sentía tonto, y como una posible solución comencé a leer cuentos. Así me fueron cautivando las letras. Inicié a leer más y con ello a escribir mis primeros relatos, poesías y hasta llegué a sentirme tan bien con ello que me di a la tarea de escribir un diario.

Al escribir me fui conociendo, pues comencé a preguntarme qué era lo que me interesaba, qué quería conocer, haciéndome así a algunos conceptos, que si bien no eran nada originales, sí me ayudaron para ir formando un pensamiento propio, por ejemplo la  idea de aquello que es Dios, según yo lo Eterno, el Todo, lo que después vine a conocer que para Hegel es el Absoluto.

Tuve el privilegio de haber estudiado Filosofía en la Universidad Nacional de Colombia –sede Bogotá-, aunque por azares no pude seguir, pero el tiempo que pude estar en clases terminó por cautivarme aún más, provocó mi atención por esta rama del conocimiento y aquello que ya llevaba un tiempo creciendo en mi interior, el gusto por la escritura. Esta última en un comienzo avivó en mí ansias por la fama, pero a través de mis errores y del ejemplo de maestros me he dado cuenta que triunfar no se logra por el simple hecho de querer serlo, sino que para ello es necesario trabajar por serlo, además de que existen pocas condiciones que se expresen a partir de una única fórmula para triunfar.

En mi búsqueda profesional he llegado a inclinarme hacia lo académico, ya que me agrada indagar sobre aquello que me causa intriga y no tan solo repetir los murmullos que muchos hacemos cuando aseguramos algo cuando es simplemente una exhalación bucal. Me observo proyectándome hacia la investigación, quiero ser un investigador de las ciencias sociales, estudiar sobre preguntas que otros se han formulado, y aún aquellas que se encuentran desapercibidas, buscar entender aquello que encierra el tan renombrado mundo de las ideas de Platón y aquello que creemos que es tan obvio, pero simplemente es un engaño.

Hoy por mi gusto por las letras he vuelto a la UN en búsqueda de la construcción de mi futuro, siendo estudiante de Licenciatura en español Filología Clásica pretendo si bien no perfeccionar, sí mejorar en gran medida mis capacidades escritas y verbales, siendo una gran herramienta para mis planes. Desde ya el primer semestre se muestra como una gran pintura, de la cual, si se observa en detalle, se pueden encontrar distintos conceptos, personajes, dificultades, pruebas y satisfacciones.



 Vocaciones
Por: Erika Mesa Díaz
Taller de comprensión y producción de textos I
Carrera: Lingüística

Para hablar sobre vocaciones, me es necesario hablar de una experiencia que viví durante la época de las grandes preguntas; esa en la que no es posible hallarse en ninguna prenda ni en ninguna profesión. Desde los cinco años estudié en un colegio católico, en el que se acostumbraba a hacer una oración cada mañana “para iniciar el día con el Señor”. Un buen día, un profesor de economía tuvo que dirigirla. El tema sugerido era la inteligencia. El profesor preguntó acerca del significado de inteligencia. “Es saber muchas cosas”, respondió una compañera. “Si te fijas, ese significado se acerca más al de cultura; sin embargo, no toda la gente culta es inteligente. Muchas personas cultas se han perdido en la depresión y el vicio, por no ser inteligentes para nada. Hay gente, sin embargo, que es muy inteligente a pesar de enfrentarse a una vida dura y carecer de conocimientos que impresionen a los demás. Ser inteligente es ser apto para vivir. Ser inteligente es ser feliz”.
 Desde pequeña, la lectura y escritura me hicieron muy feliz. Siempre me pareció divertido escribir reportes escritos, solicitados por el colegio, y cuentos para expresar mis emociones. El momento favorito del día era acabar las tareas en casa de Abuelita e ir a su sala a leer revistas viejas. De mis posesiones más preciadas, tres son diccionarios. Ante un diagnóstico de deficiencia de inteligencia social (para hablar de Asperger sin ir más lejos), el profundo interés que las estrategias de comunicación humana me despertaban era una gran ventaja para mi propio desarrollo. Mi propósito constante es ser comprendida y comprender. Aunque lo mío no sea escribir para agradar, conmover a quien lee es satisfactorio, como lo es hablar con la fluidez que se me escapa a veces.
Una vez, llegó la oportunidad dorada para probar un gusto de toda la vida: hubo una selección de personal para la realización de un periódico en la localidad de Usaquén. Para escoger, evaluaron habilidades de comprensión, creatividad, redacción y conocimiento de la lengua española. Fui escogida con otras personas para recibir una capacitación en periodismo, literatura, apreciación del arte y otras cosas que no supe apreciar  en su tiempo. ¿El motivo? Desde grado séptimo, mis notas en ciencias humanas empezaron a bajar porque los temas me fueron presentados de la forma más tediosa que los maestros de esas áreas pudieron encontrar. Perdí el interés en estudiar una ciencia humana. Eso tuvo influencia en mi primera opción de carrera. Sin embargo, realmente apreciaba trabajar en el periódico: redactar y hacer investigación de campo eran actividades que alimentaban mi espíritu. Salir del colegio cuanto antes para seguir colaborando con el proyecto me hizo sentir valiosa; parte de la realidad. Era algo que me enorgullecía en verdad.
Probablemente, mi profesor de economía podría decepcionarse al saber que mis creencias religiosas han cambiado, pero podría alegrarse al saber todo lo que ha ocurrido desde que partí del colegio. Hoy, agradezco haber fallado en esa primera opción de carrera. Agradezco mucho sentirme útil para la sociedad aprendiendo a hacer algo en lo que creo tener aptitud y que, a decir verdad, me encanta. Agradezco tener la oportunidad de preguntarme si divertirse tanto haciendo trabajos es un crimen. Tal vez ya no crea en un dios que jala a la gente a sus destinos, pero no se puede negar que las propias aptitudes convocan; atraen. Agradezco a esta bella carrera, Lingüística, por mostrarme el camino a la felicidad.


Mi vocación, mi pasión
Por: Valeria Álvarez Fuertes
Taller de comprensión y producción de textos
Departamento de Lingüística
Universidad Nacional de Colombia

     Desde pequeños estamos en la búsqueda de lo que nos gusta y nos apasiona hacer, descubrimos poco a poco las cosas en las que destacamos y que queremos incluir en nuestras vidas. Cada persona tiene algo que la mueve y que hace que el paso por este mundo tenga alguna razón de ser. Se suele decir que nacemos para cumplir una misión, y esta es guiada por nuestros sueños y metas, aquellos que nos impulsan a decidir y hacer nuestro propio camino. Como todos tengo un sueño, este involucra personajes, imaginación, maquillaje, máscaras, juegos, alegría, creatividad y muchos otros elementos imposibles de enumerar en este breve espacio. Mi sueño es llenarme del teatro, de la danza, del espectáculo, dejarme envolver por aquel mundo en el que todo es posible, en el que me doy permiso de ser lo que quiera ser, de transformarme, de descubrirme y de conocerme gracias a personajes que existen a través de mí y que dejan su huella en escena.
     Para mí, la magia es real en un teatro. De igual manera, uno es capaz de sentir lo que siente otro, ponerse en sus zapatos; este arte permite descubrir emociones que no sabíamos que podíamos experimentar, vivir otras épocas, abrirse a otros mundos…Recuerdo a los nueve años, cuando la profesora de ese año nos distribuyó a todos una fotocopia de un libreto, el primero que adoraría y que sería uno de mis tesoros, el comienzo de un hobbie que pronto se transformaría en una pasión. Supe desde ese instante que mi lugar era en el escenario, que era lo que más amaba y que nunca dejaría. A partir de ahí, año tras año me inscribí al grupo de teatro del colegio y compartí con personas tan apasionadas por este arte como yo.
     Desempeñar una carrera que me involucre en este medio es lo que más he querido. Al salir del colegio la presión y la indecisión en la mayoría de casos son muy grandes, en el mío lo fue. Presión por la sociedad, los padres, la opinión exterior, la cual influye así no se quiera aceptarlo, por lo que es difícil ir tras lo que a uno lo mueve y lo apasiona, más si se trata de un medio artístico. Se cree que las oportunidades son muy limitadas y por lo tanto el éxito también lo es. Pienso, que el éxito en sí, se logra cuando disfrutamos lo que hacemos y cuando le encontramos siempre el encanto del principio. Al fin y al cabo es lo que haremos de nuestras vidas; nosotros, nadie más.
Puede que no me encuentre en este momento en el lugar más “adecuado” para seguir esa vocación que tanto me llama desde que puedo recordar, pero creo que por alguna razón la vida me trajo hasta este sitio, a esta carrera, para aprender, para crecer y conocerme y para saber que ninguna decisión que tome es equivocada, sino diferente. Ciertamente, todos los lugares en los que estemos ya sea por un corto o un largo tiempo, nos enseñan y nos aportan algo importante; las personas que conozcamos y los momentos vividos formarán siempre parte de lo que somos y de lo que nos convertiremos en un futuro. La carrera de Lingüística de cierta forma llega a entrelazarse con el teatro, ya que el actor tiene que ser un experto en el manejo del lenguaje en todas sus expresiones. Desde un punto de vista semiótico, en escena se transmite y se comunica constantemente de todas las maneras posibles; tanto entre los actores, los personajes y el público, existe una interacción.
 El arte es mi motor, mi salvación. Me da paso para escapar y salirme de la realidad que a veces resulta abrumadora, y me permite mantenerme cuerda. En escena se mueven tantas emociones y se puede sacar todo lo que guardamos y acumulamos, sentimientos reprimidos, angustias, tristezas, o solo las ganas de gritar, reír o llorar. Sé que el arte estará para mí hasta que mi paso por este mundo termine y espero alcanzar esa meta o por lo menos encontrar el camino que me lleve a ella.



¿Sociológa yo?

Por: Sandra Patricia Sanabria
Carrera: Sociología
Taller de comprensión y  producción de textos I
Universidad Nacional deColombia
Es importante ver la carrera que escogimos a la luz de nuestros gustos, intereses, sueños, metas, cualidades y aptitudes personales. Solo a través de estos se  puede creer que se escogió  la carrera profesional correcta, aunque siempre he pensado que solo  al final de esta se sabrá si se eligió la carrera correcta, porque solo cuando se esté laborando se sabrá si la preparación de 5 años dará  el fruto de un trabajo con dedicación y amor, o  si por el contrario se perdió el tiempo al trabajar solo  por un salario.
Yo no conté con el privilegio de elegir mi carrera por gusto o por sueños, más bien fue por descarte de opciones. Si bien mi historia de cómo entré a la Universidad Nacional es larga y más aún de cómo escogí sociología como carrera;  podría decir que estaba dentro de un plan de Dios para mi vida. Escogí esta carrera por los horarios que ofrecía, pues  necesitaba seguir trabajando en la empresa donde me encontraba. Sin embargo, me empapé sobre qué se trataba y me encantó. Creo que el definir una profesión en palabras es vago y que  solo por medio de los semestres se puede llegar a comprender, ahora en quinto semestre puedo entender qué es  ser un sociólogo y, aun más, me doy cuenta que es un mundo entero por comprender y descubrir.
Creo que fue un regalo de Dios estudiar esta carrera, ya que me he encontrado con cosas que no sabía que me gustaban como leer, con retos a alcanzar como escribir y mucho menos que se podía alinear con los horizontes personales que me propongo. Esta carrera  me exige encontrar, analizar, comprender, plantear o re-plantear soluciones a las problemáticas o fenómenos sociales actuales. Esto es encantador para mí,  pues no me gusta quedarme con lo que ven mis ojos, sino ir más allá de lo que a plena vista ven; anhelo estar en grupos sociales en los que pueda permanecer y así ayudar en lo que mi mente y mis manos puedan hacer por ellos por medio de la investigación.
Para terminar quisiera decir que cada vez que me documento acerca de la especialidad que quiero desempeñar, afirmo aun más mi vocación como socióloga. Aunque no he terminado la carrera puedo decir que al finalizar mis estudios desempeñaré mi labor con amor y dedicación y que mi trabajo no será realizado por un salario, sino por la pasión que hay en mí.


Entre el gusto y la dificultad

Yulexy Guarín Salas
Taller de Producción y  Comprensión de Textos I
 Carrera de Lingüística
Universidad Nacional de Colombia
Abril de 2013

 “La labor  más productiva, es aquella que sale de las manos de un hombre contento”
Víctor  Pauchet

Debo admitir, que al principio no hice mucho caso de mis actitudes y  capacidades. De hecho,  más bien me inclinaba por cosas que  fueran con la tendencia  de la gente  de tapar los problemas de la vida con el dinero, ignorando aspectos fundamentales como mis gustos, anhelos y cualidades. Puedo decir que mi vocación, fue un proceso que he ido descubriendo a lo largo de mis años, años en los cuales he tenido que descubrir muchas cosas, dentro de ellas están, estudiar en dos Universidades distintas carreras diferentes. Esto por tratar de darle vía a una posible inclinación por una carrera. Sin embargo, antes de darle prioridad  a mi  interés por una profesión, debí primero buscar la forma de  cómo dármela, es decir, de cómo mantenerme  y así poder volver a estar inmersa en un mundo académico después  de mi secundaria.
No fue fácil, pues primero me dediqué a trabajar, a vincularme  al mundo laboral  sin tener alguna técnica o especialidad alguna; más bien, como cualquier ser humano, tenía las aptitudes para desempeñar cualquier empleo y que éste, me brindara la estabilidad suficiente para sostenerme dentro de un ambiente educativo superior. En efecto, fueron de estas experiencias laborales que empecé a indagar más en mis raíces a preguntarme más en mis gustos, en mis  capacidades, y cualidades  para desempeñar y  realizar una actividad que me llenara, que me hiciera sentir bien en todos los aspectos y que pudiera vivir de ella.
Con este propósito entonces, empecé a darle prioridad a mis gustos pero sobre todo más que a mis gustos, a darle prioridad a mis capacidades, a aquello en lo que realmente fuera buena y que me sintiera contenta realizándolo. Y una de esas capacidades es el interés  por la lectura y la buena escritura. La respuesta a mi vocación, más bien se ha venido construyendo como un proceso de varios años después de que saliera del colegio, y no como una respuesta inmediata en el menor tiempo posible de la elección de una  carrera profesional o de un trabajo.
La vocación es, como su significado versa, un llamado a dedicarse a algo que nos apasione y para lo que  tengamos toda la disposición, interés  y compromiso. La vocación, debe ser una labor que no se convierta en una pesadez para la vida, sino  al contrario, debe ser una labor que desempeñemos con gusto y dedicación, para labrarnos  un futuro próspero, siempre conscientes de que en la vida hay sacrificios  que llevan a satisfacciones. Puedo decir que estas palabras sólo tendrían sentido, si dedico mucho tiempo al estudio, y sólo lo lograré si voy acompañada de valores como la responsabilidad, entrega, compromiso, esfuerzo y dedicación; convirtiéndome en  una profesional buena y experimentada en mi carrera de Lingüística, carrera que busqué, que llevo 3 semestres estudiándola,  y que me hace sentir satisfecha y a gusto  cursándola aquí en la  Universidad Nacional. Significa entonces que, acompañada con estas herramientas, puedo tener  satisfacciones personales y profesionales que hagan de mí, una persona realmente útil a la sociedad. 


martes, 26 de febrero de 2013

Experiencias de lectura y escritura

Comentarios acerca de la lectura y la escritura
No sé si por cuestiones de lavado cerebral, intuición, aprendizaje o simple terquedad, no recuerdo en algún momento haber visto la lectura y la escritura como el acto tangible y físico de leer y escribir; todo lo contrario. Por esto mismo, no podría saber cuál de las dos aprendí primero; en el solo hecho de percibir siento que ambas están presentes simultáneamente.
Sé –recuerdo- que de niño gustaba bastante de buscar o preguntar por las palabras que se ajustaran o correspondieran a los sonidos que escuchaba. Confieso que, hasta después de haber entrado a la secundaria, prefería leer el “mundo” más que los libros. Tiempo después conocí a dos personas, dos maestros: Óscar Wilde y Federico García Lorca; en los primeros vi una preocupación real por enseñarme a leer y a escribir. Más adelante vinieron otros, muchos otros, de todas partes del mundo y de bastantes épocas (mas no de todas); cada cual dejándome su trocito de infinito.
No soy amante de los diarios ni de las novelas –aunque sí de las nívolas[1]-; hay un algo de incompatibilidad entre ellas y yo. Admiro a muchos novelistas y a la valentía de quienes escriben un diario; pero con la distancia de quien sólo los escribe sin valerse de palabras. Cosa distinta pasa con el cuento, la poesía y, especialmente, con las piezas teatrales.
Leo, escribo; lo intento. Me gustan los textos que se las ingenian para no pasar desapercibidos; aquellos pajarillos con el don de conmover, ya sea por encanto o por disgusto, cuando los oigo cantar. Me gustan los textos cambiantes y cambiadores; los que tienen manos y ojos y mente y son en el fondo personas hechas de letras.
Quisiera poder familiarizarme con los ensayos, pues siempre los he observado con binoculares.
Gusto mucho de aprender nuevas lenguas y, en especial, de enfrentarme con lenguajes que no entiendo. Descreo un poco de la poesía traducida; incluso los silencios son distintos entre una lengua y otra.
A Pessoa y a Lispector les debo lo poco que sé de portugués; a Victor Hugo y a Baudelaire, lo poco de francés; y gustaría de quedarle debiendo algo también a Pavese, a Hölderlin, a Pushkin, a Kawabata y a tantos otros…
Punto.

David Felipe Guerrero Beltrán
Taller de Comprensión y Producción de Textos
Departamento de Lingüística
Universidad Nacional de Colombia



[1]Véase Niebla; Miguel de Unamuno; capítulo XVII.


Lectura y escritura: procesos de seducción, encanto y hechizo
Cuando tenía tan solo cuatro años ingresé a cursar el primer grado de primaria. aAllí me encontré con una maestra que se fue mostrando como una señora demasiado estricta, a la que le agradezco por la disciplina inculcada; para ella era de vital importancia que sus alumnos descubrieran la gran magia de las letras; nos exigía de tal manera que logró que sus estudiantes llegaran aprender a leer muy rápido, sin nunca dejar de lado la importancia de escribir (aunque una lleva a la otra). Mi madre tenía una percepción muy parecida a la de mi adorada profesora; se sentaba a mi lado todos los días cuando yo llegaba de mis clases rutinarias, me acompañaba, me ayuda y me asesoraba en todos los ejercicios dejados en la escuela como la tarea para la casa. Paso a paso, escalón a escalón, error a error, regaño a regaño, fueron elementos para que un niño ya de cinco años lograra soltar sus capacidades lectoras y llegara a una lectura aceptable.
A veces entre la meditación que todas las personas realizamos día a día, en nuestra monotonía, me pregunto “¿a qué se deberá el encanto de las letras?”. Bueno aún no termino de responderme este cuestionamiento; lo único de lo que en estos momentos estoy convencido es que el mundo de las palabras es mágico y puede llegar a ser infinito, porque así es la imaginación; un proceso sin fin y en constante expansión.
No lo comprendo, no comprendo porque en estos momentos me fascina el mundo de la comunicación, pero sobre todo de esa comunicación escrita, mágica y placentera. Muy pocas veces en mis épocas de estudios básicos tuve la obligación de leer textos, pero a pesar de esto traté de aprovechar esta fantasía, hasta lograr sacar una minúscula parte de su “sustancia”, que me enloquece y me eleva hasta lo más alto de la atmósfera.
¿Por qué no abrir nuestras mentes?, ¿por qué no dejar volar la imaginación?, ¿Por qué el miedo a ser rechazados, estigmatizados o símbolo de “burla”?, ¿Por qué encadenar a ese niño interior que llevamos en nuestro ser, en nuestro cuerpo y nuestra alma? Son algunas de las preguntas que me hago. Muchas personas a veces se privan de escribir, de volar, por tan solo hechos simples e idiotas que perturban su mente, como lo es salir de estereotipos manejados por la sociedad, el miedo de la opinión de las personas que nos rodean o a veces ese pensamiento que pasa por nuestro cerebro, que se apodera de nuestro cuerpo y nuestras acciones y que nos lleva a amarrarnos y encapsularnos en nosotros mismos. A veces esos mismos cuestionamientos me los hago, pero no pensando en por qué hay sujetos que se privan de placeres que pueden darte un éxtasis total, sino de ¿por qué yo me privo muchas veces de esa satisfacción? Un gran cantidad de personas no nos damos cuenta de lo placentero que puede ser escribir, de lo puede que te puede entregar, pero de lo que estoy seguro es que hay una cifra significativa de personas que se pueden extasiar con el simple hecho de escribir un pequeño fragmento de un tema cualquiera, pero que por esa simple acción están haciendo, a veces inconscientemente, lo que más aman y lo que puede ser muchas veces el placer de sus vidas.
El ser humano y sus actividades están condicionadas a muchas cosas y una de ellas es el tiempo; en el ámbito de la física se habla de que el tiempo es finito y absolutamente nadie puede vivir un segundo más al día. Por lo tanto nuestras actividades deben estar determinadas y organizadas por este factor; cuando tu vida se convierte en un completo desorden y vives atareado tienes que eximirte de muchos placeres y desgraciadamente a veces nos toca privarnos de la “utopía” de la literatura.
La escritura y la lectura nos sacan del planeta, nos llevan a un mundo mágico, nos desconectan con la realidad y nos hacen imaginar cosas inigualables e increíbles en mundo tangible y físico, por eso es que creo en su poder mágico y en la fantasía que los libros contienen y que contendrán más adelante.
La literatura, las letras, el ingenio de los escritores está dado para que cada lector, cada espectador se adapte y cree su mundo, buscando siempre una comodidad y un placer a su manera, siempre entregado a través de la hojas de papel y la tinta. Cada quien es libre de escoger qué quiere leer o quiere escribir, es decir, cada persona es libre de crear sus mundos o su mundo a su manera. En lo que a mí concierne, me encanta sacar elementos de la novela para mi creación cósmica, dejarla siempre aislada  de lo épico y de vez en cuando agregarle un toque de la literatura clásica y del teatro.

Jeisson Vasco Orozco
Estudiante de Química I semestre
Universidad Nacional de Colombia
Febrero de 2013


 Experiencias con la lectura y escritura
Mi incursión en la lectura, más que la introducción al alimento más nutritivo para el conocimiento o el adiestramiento que muchos papás intentan aplicar a sus hijos con el ánimo de presentar a un pequeño mortal, ávido de juego y televisión, disfrazado de genio ante familiares y conocidos, fue un intento desesperado de la familia por sacar alguna palabra de mi boca, así como lo fue una serie de recorridos por varias capillas de la ciudad para encomendar la causa a todas las vírgenes posibles.
Mis papás no gustan de leer, por  lo que sus elecciones pudieran parecer obvias para una familia de los años 90: mis primeros libros fueron versiones escritas de las adaptaciones de Disney. El primer libro, que aún conservo con cariño a pesar de su evidente deterioro y sus rayones con crayola verde, fue “La Sirenita”. Traía muchos dibujos y un audio-libro en casete que te pedía pasar la página al escuchar unas campanitas. Al creer que me había aprendido el cuento de memoria, llevaron más a casa: “101 Dálmatas”, “El jorobado de Notre Dame”, “Hércules”, “Mulán” y uno de Pocahontas, que traía botones para escuchar al colibrí y al mapache. Aunque no estoy segura de si tanta estimulación era realmente necesaria, porque leer era divertido  en comparación con otras actividades, es claro que cumplió su principal cometido.
El problema estuvo en aprender a escribir. En casa había un juego de letras con el que era capaz de armar mi nombre, mis apellidos y otras palabras. Sin embargo, tanto progreso no se notaba al tomar el lápiz y hacer garabatos que ni yo podía entender. Por desgracia, mi caligrafía indescifrable persiste hasta hoy. Los diarios que escribí en mi infancia, con el propósito de recordar algunas buenas y malas experiencias, son ahora prácticamente ilegibles. ¡Nunca me pida dibujar una línea recta o un círculo! ¡Está usted advertido, estimado lector!
En los años de colegio se pedía leer uno o dos libros por asignatura de humanidades al año. Eso era, aproximadamente, seis libros cortos. Casi siempre eran textos narrativos, aunque también teníamos que leer pequeños tratados científicos-filosóficos con frecuencia. Las biografías y autobiografías siempre estuvieron entre mis textos favoritos. Escribir cuentos era de las tareas más estimulantes para mí; no tanto así con los ensayos.
En mi inmensa fragilidad, la escritura me proporciona ubicuidad y omnipotencia, mientras la lectura me confía un pequeño universo al que me gusta contemplar más bien despacio, como a cualquier maravilla. Mi género favorito sigue siendo el cuento corto, siendo Anton Chéjov mi autor predilecto. Escribo cuentos cuando la humanidad me da algún motivo para decepcionarme un poquito de ella, lo que puede explicar la muerte de tantos de mis personajes en penosas circunstancias. Por el contrario, la ciencia ficción no suele ofrecerme demasiadas herramientas de reflexión, así que no me acerco demasiado a ella. En este punto, pido obviar la posible contradicción que alguien pudiera señalar al confesar que  mi libro favorito es 1984.
Aunque quisiera desarrollar mi interés  por los cuentos en nuevo y mejor material del que ya pretendo producir, estoy interesada en la difusión del conocimiento que adquiriré a lo largo de esta apasionante carrera, de modo que más personas se interesen en los temas que a ella conciernen.
Soy apta para expresar la mayoría de mis ideas en español e inglés, aunque este último no es mi idioma nativo y aún me encuentre en el proceso de perfeccionarlo. De todas maneras, el español siempre ha sido mi gran predilecto y una dulce experiencia cuando sale de una boca culta.
 Érika Mesa Díaz
Taller de comprensión y producción de textos
Carrera de Lingüística
 Universidad Nacional de Colombia



Hagamos remembranzas

     El aprendizaje de lectura y escritura se da comúnmente a una temprana edad, por lo que suele ser complicado recordar con detalle el procedimiento. Por mi parte recuerdo haber ojeado libros de niños que me regalaban mis padres, con pocas palabras y muchas imágenes y actividades como juegos en los que tocaba pegar stickers o dibujar. De esta manera fui descubriendo como cada letra se unía con otra para formar una palabra. A esto se sumó la enseñanza aportada por el colegio que me proporcionaba una gran cantidad de libros para explicarme cómo debía juntar una letra con otra y como variaban los sonidos y se pronunciaban las letras.
     En primaria, a medida que fui creciendo fueron aumentando la cantidad de lecturas tanto en textos como en libros y a la vez aumentaba mi interés. Recuerdo leer textos principalmente de ficción, cuentos e historietas; mi favorita era “Tomtom et Nana” una historieta que tenían en el colegio que relataba las aventuras de dos hermanos. Igualmente, le encontraba un especial interés a las historias de suspenso y policiacas. Al pasar los años y al llegar a la secundaria, leía todo tipo de textos; novelas, teatro, poesía. Es difícil enumerar la cantidad y variedad de textos que leíamos en el colegio, ya que se nos exigía mucho la lectura y escritura tanto en francés como en español. Las temáticas eran muy variadas; disfruté de las relacionadas con problemas sociales y políticos en Latinoamérica, tales como De amor y de sombra de Isabel Allende o Delirio de Laura Restrepo. De igual forma, las temáticas de crimen y psicología me parecieron interesantes; así como todo tipo de textos de teatro tanto clásico como moderno, el teatro del absurdo con autores como Eugène Ionesco, con obras como La cantante calva. Por otro lado, desde pequeña llevaba un diario en el que me gustaba anotar lo que me pasaba en el día. Durante un buen tiempo lo dejé, mas ahora escribo pensamientos, sueños y poemas libres en un cuaderno.
    Siempre les he encontrado placer a la lectura y escritura. Actualmente leo obras de teatro, novelas de psicología y comportamiento; en cuanto a la escritura anoto pensamientos y pequeños poemas y los ilustro con dibujos.
    En la universidad considero que necesitaremos leer y analizar textos relacionados con la lingüística, la comunicación y en general lecturas que permitan estudiar y comprender el lenguaje en sí y otro tipo de lenguas como las indígenas. Me gustaría escribir textos relacionados con las artes y si fuera posible, alguna obra de teatro o sketch. Por otro lado, hablo francés e inglés, como otros idiomas; me gusta mucho leer en ambos idiomas y existen algunas expresiones de estos que suelen parecerme más fáciles de decir. Por ejemplo, en el colegio con mis compañeros hablábamos algo así como un “frañol” ya que la mayoría de nuestras materias eran en francés. A veces, por ejemplo, utilizábamos expresiones como “entourar” en modelo de “entourer”, que significa “encerrar”. Por la misma razón, el vocabulario en matemáticas y otras materias se me hace mucho más sencillo en francés.
   A mi parecer, la lectura y la escritura son parte fundamental de las civilizaciones y del ser humano como individuo formando parte de un todo. Leer y escribir, dos acciones que se han vuelto tan propias para cada uno, que es imposible concebir un mundo sin ellas. Ambas significan comunicación de ideas, enriquecimiento cultural. Son también, una manera de conocer otro tipo de ideas y puntos de vista; el manifiesto de la imaginación de otra persona y el legado que esta deja a través de los tiempos. En un sentido más personal, su significado se asemeja al hecho de un escape de la realidad y abarcarse en otros mundos, mundos en los que dejamos libres nuestra imaginación, descubrimos opiniones e ideas diferentes, y a la vez dejamos inserta en el papel, nuestra propia visión del mundo y de la parte de él que nos apasiona.

Valeria Álvarez Fuertes
Taller de comprensión y producción de textos
Departamento de Lingüística
Universidad Nacional de Colombia